Mañana, Nochevieja, no hables de política ni de dinero. Son dos temas que “no entran en el protocolo”. Para disfrutar de la comida y que siente bien se deben evitar las discusiones a toda costa, y la política suele dar pie a entablarlas.
Por ese mismo motivo no conviene sacar trapos sucios familiares ni temas que resulten conflictivos: ya tratarás otro día la herencia de la tía que regresó de Estados Unidos, ex amante de Donald Trump; la ruptura de la niña y ‘reina’ de la casa con su novio ex heroinómano y ex atracador, todo un relato salvaje de Pedro Almodóvar; y la salida del armario del machote futbolista fichado por el Barça, para jugar la ‘Regional Catalana’, una vez logren emanciparse de la España que les roba y dejen la Liga Española… Hablar de dinero es directamente una vulgaridad, propia de nuevos ricos, pijos de medio pelo y ejecutivillos con exceso de gomina.
No te cuezas ni te drogues (antes). No seré yo quien condene a nadie por evadirse de este mundo y sus miserias, a pesar de que me ‘coloco’ con puro refresco. Ahora bien, no pasa nada por contenerse y esperar un poquito. Una cosa es tomarse algo y llegar con un punto, pero sentarse cegatón a la mesa es una falta de respeto a la persona que ha cocinado y a los otros invitados.
EL BESTIARIO
La ‘geopolítica’ de la mesa de la cena de Nochevieja para evitar que el salón lo conquiste el ‘Estado Islámico’; el tablero estratégico global es una ridícula partida de Risk comparada con la diplomacia necesaria para sentar a los miembros de la familia y amigos descastados; Fidel Castro le disgustaba tanto la labor de su cocinero oficial que, durante una cena de Estado, le espetó a Andrés Pastrana, entonces presidente colombiano: “No coma nada, luego yo le preparo una buena langosta…”; un ‘sancochero’, un tío con ‘touch off class’ y fiebres minimalistas de Ferran Adrià, ‘El Bulli’, intentan ‘envenenarnos’ los 31 de diciembre; la otra ‘última cena’ del 2015 de Luis Buñuel
SANTIAGO J. SANTAMARÍA
Según una leyenda urbana, a Fidel Castro le disgustaba tanto la labor de su cocinero oficial que, durante una cena de Estado, le espetó a Andrés Pastrana, entonces presidente colombiano: “No coma nada, luego yo le preparo una buena langosta…”. Esto puede parecer algo grosero por parte del Comandante. Sin embargo, los que sufrieron en sus papilas gustativas, los efectos de los platos del ‘chef’ a quien apodaban el ‘sancochero’, defienden hasta con pasión al guerrillero de Sierra Maestra. “Hubiésemos perdido todos el sentido del gusto con el ‘sancochero’. Le pedíamos unos huevos fritos y no sabemos cómo los hacía. Nadie en el mundo sería capaz de hacerlos tan mal. Una vez un ‘gallego’ sufrió en propias carnes lo que le estamos diciendo. ‘Estos no son huevos fritos, son huevos a la mala hostia’, se quejó el español”.
En una coyuntura tan relajada como una cena entre dos dignatarios, uno de ellos con un serio problema interno provocado por un grupo terrorista y el otro con manifiesta simpatía por este -casi dos décadas después de esta anécdota las FARC siguen felicitando a Castro por su cumpleaños-, el caso puede no significar nada. Pero imagine que durante la cena de Nochevieja aparezca algún ‘sancochero’, un tío con ‘touch off class’ y fiebres minimalistas de Ferran Adrià, ‘El Bulli’.
Recuerdo la película “Touch of Class”, comedia romántica británica película de 1973 que narra la historia de una pareja teniendo una aventura, que cae en el amor, con George Segal y Glenda Jackson como protagonistas. Siempre surgiría una personan que no se anda con rodeos. Eso podría provocar, como mínimo, una hemorragia diplomática en el núcleo familiar cuya cura necesitaría una amplia inversión en vino, recordar anécdotas del pasado y maledicencias hacia la televisión esa noche. Pero existe una forma de evitar estos accidentes. Puede leer, incluso seguir, estas instrucciones sobre dónde sentar a cada uno con el fin de que el salón de su casa no se convierta en un ‘Estado Islámico’.
La abuela es epígono del viejo México y la vieja España: todo el mundo las quiere, pero muy pocos recuerdan por qué
En toda familia empieza a haber ya, como mínimo, uno o dos simpatizantes del movimiento ‘Yo Soy 132’ de México o de ‘Podemos’ de España que, en nombre de la regeneración democrática, pedirán que la cuestión de la ubicación de la abuela se discuta mediante una asamblea. Debe presidir la mesa, aunque los motivos que cada uno encontrará para esto pueden ser dispares. Quienes aún le regalan a sus mujeres planchas o aspiradoras, pensarán que la venerable mujer debe presidir para poder estar más cerca de la cocina. Quienes respeten a sus mayores, creerán que esta mujer, que es casta, debe mantener vivos los privilegios del antiguo régimen y las bases de la cultura de la transición española, un proceso ejemplar y sin fisuras que no ha traído más que beneficios al país ibérico, o de las reformas emprendidas en este 2015 en México.
Los ‘Yo Soy 132’ o ‘Podemos’ exigirán cultura asamblearia. En el caso de que esta Nochevieja se imponga esa innovación política y se decida terminar con los privilegios de la casta, se recomienda sentar a la señora lo más cerca del baño posible, con el fin de cortarle el acceso a ese miembro de la familia que ha llegado sin dormir y se va a ir sin comer. La abuela es epígono del viejo México y la vieja España: todo el mundo las quiere, pero muy pocos recuerdan por qué.
El cuñado es el palestino repetidamente maltratado por el cabeza de familia, por su esposa, por la suegra y, en ocasiones, por el gato también
El cuñado es un poco el palestino de la mesa. Hay gente que le tiene cierta simpatía porque es repetidamente maltratado por el cabeza de familia, por su esposa, por sus concuñados, por la suegra y, en ocasiones, por el gato también. Pero, a pesar de estar todos de acuerdo en que en su caso no se cumplen las resoluciones de la ONU, que se quedó sin paz y sin territorios y que el bloqueo al que le tienen sometido provoca que, cuando la bandeja de los langostinos llegue a su lugar, solo queden los mustios y que pasara toda la década sin saber qué había dentro de los volovanes, nadie está dispuesto a acogerlo, ni a alimentarlo con nada que no sea algo con aspecto de caer de un avión y que llegue en un sobre con el logo de ACNUR. A pesar de estar en inferioridad numérica y de que su armamento ha quedado obsoleto -esas anécdotas de la mili y del nacimiento de los gemelos-, a la tercera copa de vino logrará cabrear tanto a sus enemigos naturales como a quienes hasta el momento han optado por una suiza neutralidad.
Si la abuela es Reino Unido, la suegra/madre es EE UU, y se sienta dónde la da la gana, a no ser que acuda su hermana (la China de todo esto), a quien debe dinero. Fue en Yalta, la semana del 4 de febrero de 1945, cuando la señora salió clara vencedora del reparto del mundo. Desde entonces, no existe conflicto en los confines de la familia en el que no se implique. Ha convertido el piso de su hija en Estado libre asociado -sus integrantes entran en su casa sin visado, pero no pueden votar ninguna decisión vinculante-, tiene derecho a veto sobre la agenda de su marido, sobrevuela la habitación de su hija sirviéndose de ‘drones’, tiene tropas acampadas en el trabajo del yerno y, sistemáticamente, castiga con bombardeos selectivos a cualquier miembro de la prole capaz de iniciar el más mínimo conflicto. Pero el 11 de septiembre de 2001, la señora sufrió un menoscabo gravísimo de su autoridad. Fue entonces cuando su hija anunció que pasaría la Nochevieja en casa de la suegra. Aquel edificio es hoy un solar. Mantiene una relación especial con su madre, de quien se independizó amotinándose a la hora del té y a quien utiliza como aliado en los casos más sensibles. Si la abuela es Reino Unido, la suegra/madre es EE UU, y se sienta donde le da la gana, a no ser que acuda su hermana (la China de todo esto), a quien debe dinero.
El tío llega sin afeitar, con la misma ropa que lucía seis días antes cuando vino a pedir dinero y vaciar la nevera, es una especie de Rusia ‘putiana’
El tío. Es vital sentarlo lejos del padre de familia y, sobre todo, de los más jóvenes. Ha llegado sin afeitar, con la misma ropa que lucía hace seis días cuando vino a pedir dinero y a vaciar la nevera y al darle un beso al gato, este se ha desmayado. Cerca de los jóvenes (las potencias emergentes del asunto, fuertes en crecimiento e inflación pero débiles en diplomacia) es muy probable que termine podando su progresión personal. Cerca de su hermano, padre de esta familia, es muy probable que terminen a puñetazos. Este tío roquero, elemento que toda familia posee y que brilla con especial intensidad durante estas fechas, es una especie de Rusia ‘putiana’, una utopía juvenil -iba para escritor, para músico, para delantero de América o Barça- que terminó en pesadilla colectiva.
En sus pocos momentos de lucidez, cordura y sobriedad ejerce de encantador de serpientes, de tío enrollado, del padre que todos quieren y del novio que ninguna tuvo. Pero casi siempre anda intoxicado, resentido con este mundo que jamás le dio lo que merecía. Jura que pronto volverá a ser lo que fue, aunque es muy probable que, simplemente, vuelva en 365 días y esté igual que hoy. De madrugada le mandará un ‘WhatsApp’ a su ex (Ucrania) y, gracias al maravilloso corrector del teléfono, le escribirá: “Hoja de ruta”.
El padre es Grecia y se descubrió en el 2007 que había estado gastándose se dinero de la familia en ladrillos de Lego y en juergas tropicales
El padre es Grecia, y solo se sentirá cómodo y adaptado cuando termine la cena y pueda bajar al bar a tomarse la última con sus colegas del trabajo: Irlanda, España, Italia y Chipre. Una vez fue la cuna del pensamiento, el ágora en la que todos se reunían para oírle hablar sobre cualquier cosa. Era el lugar del que procedían los mitos, el guardián de la democracia y de la memoria. Un dios de dioses. Pero llegó 2007 y se descubrió que había estado gastándose el dinero de la familia en ladrillos de Lego y en juergas tropicales. Perdió todo el crédito y tuvo que ser intervenido. Le quitaron las tarjetas de crédito y la última prueba del colesterol le dejó bajo la amenaza de unas navidades a base de pavo frío, lechuga Iceberg y cerveza sin. Desde entonces, le vigilan los gastos, los triglicéridos y el vino que consume en la mesa.
Es Grecia, y solo se sentirá cómodo y adaptado cuando termine la cena y pueda bajar al bar a tomarse la última con sus colegas del trabajo: Irlanda, España, Italia y Chipre. Ahí es muy probable que compartan todos espacio en la barra con Senegal o Marruecos, a quienes empezarán impidiendo el acceso a las servilleteras, para terminar expulsándoles del bar.
Los hijos ‘emergentes’ santifican la reciente tradición de huir de la casa familiar coincidiendo con la misa del gallo para beber con los amigos
Los hijos son el futuro. La generación mejor preparada de la historia. Un Mercedes en el garaje o un Ferrari que circula por un camino de cabras. Son Indonesia, Suráfrica, India o Brasil. La táctica consiste en repartirlos estratégicamente por la mesa, al contrario de lo que reclamaba la tradición, que los arrinconaba o incluso los ubicaba en una mesa aparte. Así se evita que conspiren entre ellos para derrocar el viejo orden mundial, como hicieron en 1955, cuando se reunieron en Bandung (Indonesia) para crear una de las instituciones más letales y peligrosas para el desarrollo de la geoestrategia del siglo XX: La Organización de Países No Alineados.
Entonces, llegaron imbuidos por la ideología de Gandhi. Ahora, probablemente, lo harían a través de las enseñanzas de Mark Zuckerberg o, si son listos. Tras el segundo turrón y antes del tercer villancico habrán huido rumbo a algún bar, para santificar esta reciente tradición de huir de la casa familiar para beber y olvidar aquello infalible de que los amigos los escoges, la familia, no.
No hay mesa que se precie sin la presencia de quien no tiene relación sanguínea, cual perro abandonado o fan de Charles Bukoswki
El amigo del hermano. No hay mesa de Nochevieja que se precie sin la presencia de un descastado, de alguien que no tiene relación sanguínea, ni legal, con la familia, y que, cual perro abandonado o fan de la banda rockera británica Dire Straits o del maldito escritor norteamericano ‘angelero’ Charles Bukoswki, aparece en la mesa como buena obra del año. Según su peso, no es descartable zampárselo. Normalmente, acostumbra a ser un amigo de alguno de los hijos en edad postadolescente.
Por el bien de la cena, se recomienda que el muchacho hable el idioma y esté familiarizado con la forma en que se pelan los langostinos. A la hora de sentarlo, hay que entender que el chaval o la chavala pueden ejercer de país no alineado, una suerte de zona de exclusión aérea que evite las hostilidades entre elementos con rencillas pendientes (imaginen Ucrania, si tienen narices), pero se corre el riesgo de que el tipo sea japonés o chileno, lo que garantiza que en un nanosegundo habrá conseguido crear conflictos territoriales con cualquiera de sus vecinos. Le negará la salida al vino al comensal que haya a su derecha, reclamará la soberanía de la cesta de pan… Pero felicitará las pascuas dos veces a cada cara que encuentra en la mesa.
Sería contraproducente, al menos, en estas horas, en España, que el ‘agregado’ sea catalán, secesionista y asambleario, quienes gustan de ser tildados de soberanistas… 3.500 de ellos iban a tomar una decisión que afectará a más de 7.500.000 de personas en Catalunya, apoyando o no al presidente independentista y corrupto Artur Mas. Lo de corrupto lo dicen los ‘antisistema’. Su método asambleario no les sirvió para nada, pues empataron los del sí y los del no. El 0,0005% decidiría liberar al 99,9995% restante del estado central opresor, España. Ahora serán menos de diez personas, los máximos dirigentes de la CUP, los que lo harán. Eso es democracia y lo demás son tonterías. Surrealismo democrático catalán. Salvador Dalí carcajea.
La Nochevieja, como es llamada en México o en España, Víspera de Año Nuevo, Fin de Año o simplemente Año Nuevo, en algunos países hispanohablantes, es la última noche del año en el calendario gregoriano, comprendiendo desde 31 de diciembre hasta el 1 de enero (día de Año Nuevo). Desde que se cambió al calendario Gregoriano en el año 1582, se suele celebrar esta festividad, aunque ha ido evolucionando en sus costumbres y supersticiones. A veces el cambio de año era acogido con temor y acritud, pero desde principios del siglo XIX, la Nochevieja se suele celebrar con unos rituales alegres y jocosos.
Las improvisaciones de última hora, en plan “le pongo un chorrito de esto y una gota de lo otro”, suelen producir ‘bebercios’ tóxicos
El gran momento culinario del año se acerca, por lo que es hora de ofrecer una serie de claves para navegar en ese mar tormentoso que son las Nocheviejas familiares. Si sigues los mandamientos que se detallan en esta entrada, tus posibilidades de hacer el ridículo disminuyen radicalmente. Te lo dice alguien que los ha incumplido casi todos con resultados desastrosos…
No hagas los fritos tres horas antes. En el caso de que hayas cometido la imprudencia de incluir rebozados en el aperitivo debes asumir las consecuencias y tratar de freírlos en el último momento, aun a riesgo de oler después a ‘Eau de Croquette’. Una fritanga que lleve tiempo hecha es el peor inicio posible para un menú. Y lo peor de lo peor es un frito que ha estado tapado: la condensación por el calor habrá hecho que se humedezca y el rebozado se haya quedado blando, pastoso, grasiento y repugnante.
No improvises el cóctel. Mola servir un cóctel antes de cenar, pero mejor si lo piensas un poquito antes y, sobre todo, lo pruebas. Las improvisaciones de última hora, en plan “le pongo un chorrito de esto y una gota de lo otro”, suelen producir ‘bebercios’ intragables. Un ex cuñado de la localidad zamorana de Toro, en España, tierra del pan y tierra del vino, era un gran aficionado a innovar en este terreno justo antes de la cena, y sólo los miembros más alcohólicos de la familia pasaban de un sorbo con sus espantosos cócteles de champán.
Reprime el cocinero molecular que llevas dentro y limítate a los seguro, los experimentos a lo Ferran Adrià cuando no le tengan al ‘familión’
No te creas Ferran Adrià. La experimentación y la libertad creativa están muy bien… cuando no tienes a toda la familia cenando en casa en una fecha señalada. Si controlas mucho de cocina, da rienda suelta a la imaginación. Si no, reprime al cocinero molecular que llevas dentro y limítate a lo seguro o a lo que ya hayas cocinado otras veces con buenos resultados. Recuerda, además, que las uvas rellenas de foie con espuma de garnacha y coco caramelizado pueden no gustarle a la abuela y provocarle una mortal indigestión.
No muerdas las patas del marisco. Diez de cada 9 dentistas recomiendan Colgate y no partir las patas del marisco con la boca. No sólo estarás castigando tus molares, sino que ofrecerás un espectáculo muy poco apetitoso para el que esté enfrente. Usa un instrumento adecuado para ello -un cascanueces vulgar y corriente vale- y luego chuperretea discretamente. Tampoco es bonito, pero no se debe renunciar al placer por motivos estéticos.
No administres cafeína a los niños. Ni cafeína, ni ningún otro tipo de droga estimulante. Los niños ya son un elemento suficientemente radioactivo en Navidad como para encima darles coca-cola o chocolate. Evita cualquier tipo de sobreestimulación y, durante la cena, no te empeñes en que coman ni les obligues a aguantar horas en la mesa como si fueran adultos. Cuanto antes se vayan a jugar y dejen de dar la caca, mejor.
No te apiporres. Meterse 3.000 calorías en la cena de Nochebuena quizá tuvo algún sentido en la posguerra, cuando se pasaba frío y hambre en el invierno. Ahora que estamos todos como morsas cebadas, no. “Celebrar” no es sinónimo de “llenar la andorga hasta que se te salga el turrón por la boca del esófago”. Tampoco es cuestión de ponerse a hacer la dieta Dukan justo esa noche, pero la comida sabe mucho mejor si se toma en cantidades moderadas. Además no hay que olvidar que la comilona del día siguiente rellenará cualquier posible hueco.
No te cuezas ni te drogues antes, sentarse cegatón a la mesa es una falta de respeto a la persona que ha cocinado
No seas cursi con el servicio de mesa. Muchas personas se ponen más barrocas que Manuela Trasobares con las vajillas, las cristalerías y las cuberterías, creyendo equivocadamente que más es más. Estas mismas personas sufren de adicción a los centros florales, las velas, las piñas y los lazos, y los colocan cual catafalcos en mitad de las mesas impidiendo la visión de los demás comensales. Toma la dirección contraria y huye como de la peste del exceso y de lo recargado, que para cursi ya está Judit Mascó en el anuncio de Ferrero-Rocher.
No hables de política ni de dinero. Son dos temas que “no entran en el protocolo”. Para disfrutar de la comida y que siente bien se deben evitar las discusiones a toda costa, y la política suele dar pie a entablarlas. Por ese mismo motivo no conviene sacar trapos sucios familiares ni temas que resulten conflictivos: ya tratarás otro día la herencia de la tía que regresó de Estados Unidos, ex amante de Donald Trump; la ruptura de la niña y ‘reina’ de la casa con su novio ex heroinómano y ex atracador, todo un relato salvaje de Pedro Almodóvar; y la salida del armario del machote futbolista fichado por el Barça, para jugar la ‘Regional Catalana’, una vez logren emanciparse de la España que les roba y dejen la Liga Española… Hablar de dinero es directamente una vulgaridad, propia de nuevos ricos, pijos de medio pelo y ejecutivillos con exceso de gomina.
No te cuezas ni te drogues (antes). No seré yo quien condene a nadie por evadirse de este mundo y sus miserias, a pesar de que me ‘coloco’ con puro referesco. Ahora bien, no pasa nada por contenerse y esperar un poquito. Una cosa es tomarse algo y llegar con un punto, pero sentarse cegatón a la mesa es una falta de respeto a la persona que ha cocinado. Si el que cocinas eres tú, un vinito vale, pero el consumo irresponsable de alcohol y drogas mientras trajinas con las cazuelas no es lo más recomendable: recuerda que no eres Anthony Bourdain ni un Juan Mari Arzak.
“No es verdad que me dé náuseas la Navidad, me conmueve la madre el niño, la mula y el buey…”, cantan Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina
Este pasado domingo, el cantautor catalán, Joan Manuel Serrat cumplió años, 72. Su compañero, el golfo poeta andaluz, Joaquín Sabina, quien festejarán sus 67 ‘tacos’, el próximo 12 de febrero. Ambos nos regalaron una canción de ‘Navidad’ peculiar…
“No es verdad que me dé náuseas la Navidad/ me conmueve la madre el niño, la mula y el buey/ lo que pasa es que estalla/ una bomba en noche en la noche de paz,/ lo que pasa es que apesta/a zambomba el mensaje del Rey.
El portal de Belén es un zulo virtual/pero en vez de turrón este invierno me como un marrón/ unos hígados chumbos envueltos en papel albal/y Gaspar en lugar de una bici, me pone carbón.
Ojalá no abrasara el calor del hogar/cómo hacer cuando toca reír/si me da por llorar corazón/no me quieras matar corazón/sé de sobra quién paga y quién cobra/quien hace vudú, quien satura el cubo/de basura de tu cotillón/ San José se enfadó con el padre del niño Jesús…”.
Zorionak eta Urte Berri On!, decimos en el País Vasco, Feliz Navidad y próspero año nuevo.
@SantiGurtubay
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