Redacción Macronews por: Mateo Cervera.- La ansiedad nuclear es el término no medico por el que se le conoce a la preocupación de un desastre nuclear, normalmente ocasionado por bombas de este tipo o atómicas. La ansiedad nucelar moldeo más de una generación a partir de la mitad del siglo pasado hasta finales del mismo siglo, sin embargo, ¿porque el miedo a desastres así se ha perdido?
Hiroshima y Nagasaki
Antes de comenzar, se necesita conocer el contexto que llevó a todas las personas del mundo a temer un holocausto nuclear. Y todo empieza con Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades japonesas que fueran las primeras y las últimas en experimentar un ataque con bombas atómicas en civiles.
El ataque a ambas ciudades, llevado a cabo por Estados Unidos, se considera uno de los peores y más inhumanos ataques en la historia. Con un daño monumental a la infraestructura de la ciudad, sumado al número de pérdidas humanas en ambas ciudades que se estima fueron de 120,000, sin contar las enfermedades por radiación y las heridas a las personas en los alrededores, de una cifra cercana a los 130,000.
Se conoció, de esta forma, que finalmente el ser humano encontró un arma capaz de destruir a la humanidad.

La Guerra Fría
Las potencias de esa época, Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (actualmente Rusia) no apaciguaron el miedo que recorrió a las personas que entendían el hecho y la situación.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, ambas potencias habían comprendido que un ataque con un arma del mismo calibre que las bombas detonadas en las ciudades niponas, o incluso mayor, supondría el fin de sus poderes; por lo que, teniendo esos pensamientos en mente, con la división ideológica que sufrió el mundo por los mismos países poderosos, se empezó una carrera tecnológica, no solo para el progreso industrial de E.U.A. y la U.S.S.R., también para mejorar exponencialmente su armamento impulsado en energía nuclear.
Capitalismo v.s. comunismo
A continuación se diseñaron mejores bombas nucleares y atómicas. Con solo Estados Unidos efectuando 1054 pruebas de estas armas entre los años 1945 y 1992.
Los explosivos aumentaron en tamaño y destrucción; y la mirada del público se enfoco en eso.
El método de consumo y producción de recursos igualmente se vió alterada. Con el capitalismo impuesto por E.U.A., donde los bienes surgen de uno mismo y buscan beneficiar al que los tiene; y el comunismo, impartido por la U.S.S.R., donde el gobierno trabaja para el pueblo, los bienes son administrados por las personas en puestos de poder pero buscando una distribución justa a la población de un país.
El mundo entonces, e indirectamente, al igual que la competencia entre los E.U.A y la U.S.S.R., se dividió entre un futuro positivo, donde el uso de energía nuclear supondría un avance tecnológico importante, limpio y sustentable; ó negativo, donde un holocausto nuclear y radioactivo eliminaría la esperanza de seguir viviendo sanamente en este planeta. Por supuesto, muchas personas se inclinaron por la segunda opción y no por pesimismo, se notaba lo que ambas potencias planeaban hacer, y si alguna de ellas se le ocurría enviar una bomba a cualquiera al otro o a los países aliados, la guerra sería declarada.
La «Tercera Guerra Mundial», también llamada la «Guerra nuclear»
Si bien la denominada Guerra Fría no se centraba en un conflicto bélico, se vió compuesta por varios, como la famosa Guerra de Vietnam. Y esto generaba un estrés general de las personas.
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El siglo XX había comenzado con una guerra por los intereses personales de las personas a cargo de dirigir los países involucrados, y el resto del siglo no fue diferente, así que nada aseguraba que una «Tercera Guerra Nuclear» no se concretaría.
La situación era sofocante para las naciones del mundo, el público se veía repercutido por una preocupación constante en donde los pensamientos de que un día común, estuvieran desayunando, en camino al trabajo, jugando con sus familias o haciendo cualquier actividad mundana, se viera eliminada por completo, porque ellos también lo estarían.
La propaganda era un factor en contra a la tranquilidad social. Con dibujos y figuras públicas masculinas y femeninas (ej. Marilyn Monroe) mostrando interés en el avance tecnológico producto de las bombas; de igual manera se busco que las mujeres famosas como lo serían las actrices, se tomarán sesiones fotograficas, ya se apoyan o incitando la búsqueda atención civil con campañas de aceptación al armamento nuclear, y aunque su propósito se cumplió en muchos caso, la gente seguía temiendo. Así, se creó lo que ahora se conoce con el nombre de…
Ansiedad nuclear
El escenario ideal para un terror absoluto estaba presente. Un solo botón y cientos de miles morirían al instante. Pero no era la única consternación a la que las multitudes se enfrentaban.
Desastres como el infortunio ocurrido en la central nuclear de Chernóbil daban registró, nuevamente, que esa energía no se trataba de un juguete; y no solo un mal uso, un simple error podría acabar matando masas humanas. Consecuentemente, nadie quería más descubrir algún avance por más positivo que se tratase.
El bloque comunista cayo y el desastre nuclear que prometía el asesinato de millones se mantuvo como un mal sueño colectivo. La amenaza había concluido, y no era como se esperaba, así que el mundo descansó.
Un descanso incómodo
Desde principios del siglo, Estados Unidos, Francia, China, y seguidos de la ahora Rusia no han interrumpido la fabricación de armas nucleares, pero, aparentemente, el fuego del terror a la catástrofe no se ha reavivado en la memoria colectiva,, y quienes todavía recuerdan la angustia de las épocas pasadas, no creen que vaya a ocurrir como alguna vez temieron. Entonces, ¿qué sucedió?
En el año 2022, Rusia informó la creación de más bombas potenciadas con energía nuclear. El mundo se sacudió por un tiempo. La ansiedad nuclear regreso y las personas, con los acontecimientos del pasado regresando a la memoria de algunos, provocó un estremecer de terror a un alcance global que, además, se encontraba impulsado por los medios digitales. Todo el mundo sabía el catástrofe que podría ocurrir. Pero no fue así.
A un año de lo que en redes sociales ya anunciaban como «La Tercera Guerra Mundial», retomando la antigua categorización del siglo pasado; no obstante, la vida humana peligraba mucho más que desde 1945. La manipulación y construcción de ojivas nucleares ha ido en suma únicamente, y las naciones con la capacidad de hacerlo no parecen detenerse. Sin embargo, los tiempos son complicados. La era del internet y el sistema capitalista han creado un nuevo tipo de guerra: la comercial. Producir en masa y ser consumidos en abundancia es el sueño de todo país en crecimiento.
¿Eso quiere decir que no hay que preocuparnos?
Claro que no. Hasta que las armas de destrucción no se vean alteradas en un acontecimiento que no vea cómo repercutir en el presente o el futuro, la inseguridad a un holocausto nuclear está y seguirá presente.
Pero como se contempló anteriormente, incluso si las armas nucleares siguen vigentes en fabricación; su uso no parece ser más que fanfarroneo de los países en su posesión; y si bien no se puede estar seguro con una certeza absoluta de que ese fin se mantendrá así; aún con su incompetencia, los lideres de territorios al mando de un arsenal nuclear sabrán que una extinción intensiva no conviene a nadie; ni al mercado.