REDACCIÓN MACRONEWS.- La disociación en adolescentes se ha consolidado como un tema crítico de salud mental en este 2026, revelándose como un mecanismo de defensa donde la mente se desconecta de emociones, pensamientos o del entorno ante vivencias traumáticas. Según investigaciones recientes de instituciones como The Kids Research Institute Australia y la National Child Traumatic Stress Network, este fenómeno afecta a entre el 7% y el 11% de los estudiantes de secundaria, una proporción equiparable a los trastornos de ansiedad, pero que a menudo pasa inadvertida por padres y docentes.

Los especialistas advierten que la disociación suele manifestarse a través de miradas perdidas, episodios de inmovilidad, reacciones emocionales intensas seguidas de lagunas de memoria o incluso hablar en tercera persona. Estos síntomas, que pueden confundirse con simple distracción o falta de interés, son en realidad respuestas profundas ante situaciones de violencia, accidentes o exposición a contenidos digitales perturbadores. La detección temprana es vital, ya que cuando este mecanismo se vuelve crónico, compromete seriamente el aprendizaje y las relaciones interpersonales de los jóvenes.
El abordaje recomendado por la Organización Mundial de la Salud y expertos internacionales subraya la importancia de un entorno seguro y empático. Dado que la mayoría de los adolescentes no busca ayuda profesional por iniciativa propia, el papel de las personas de confianza es fundamental para guiar al joven en técnicas de regulación emocional. Intervenciones como la terapia cognitivo-conductual adaptada para el trauma han demostrado alta eficacia, subrayando que, con el acompañamiento adecuado y la eliminación del estigma, es posible prevenir complicaciones a largo plazo y garantizar el bienestar de las nuevas generaciones.
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