REDACCIÓN MACRONEWS.- ¿Es la fe una cuestión de espíritu o un conjunto de conexiones neuronales? El científico argentino Diego Golombek, en su reciente ensayo Las neuronas de Dios, desentraña los misterios de la neuroteología, una disciplina que busca localizar la «huella» de la mística en el cerebro. Desde figuras históricas como Napoleón y Juana de Arco hasta los practicantes de mindfulness en 2026, la ciencia comienza a identificar cómo actividades como rezar o meditar activan regiones cerebrales ligadas a la emoción, sugiriendo que la «enfermedad sagrada» que los antiguos griegos atribuían a los dioses —la epilepsia— podría ser, en realidad, el origen de visiones místicas transformadoras.

Estudios recientes, como el de Andrew B. Newberg de 2025, documentan que la religiosidad se correlaciona con menores niveles de ansiedad y depresión, actuando como un factor protector a lo largo de la vida. Sin embargo, el debate científico es intenso. Expertos como Javier Bernácer, del Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET), advierten sobre el riesgo de las conclusiones espurias: el hecho de que una zona del cerebro se «encienda» durante la oración no significa necesariamente que esa sea la «zona de Dios».
Factores genéticos, hábitos de lectura o patrones de sueño podrían influir en esos hallazgos, lo que exige una metodología de investigación extremadamente rigurosa y de «doble ciego» para separar la fe de otros procesos biológicos. Incluso desde la perspectiva de la creencia, neurocientíficos y sacerdotes como José Manuel Giménez Amaya coinciden en que la experiencia religiosa involucra redes neuronales sumamente complejas que integran lo cognitivo y lo emocional.
Investigaciones con monjas carmelitas en Canadá han demostrado que no existe un «módulo cerebral» exclusivo para la religión, sino una orquesta de regiones que trabajan en concierto. Al final, como sugiere Golombek citando al físico Stephen Weinberg, la ciencia no ha hecho imposible creer en Dios, pero sí ha brindado una explicación natural a fenómenos que, por siglos, solo podíamos entender a través de lo divino.
VER TAMBIEN: TRAS EL MUNDIAL 2026, MÉXICO LEVANTA LA MANO PARA ORGANIZAR EL MUNDIAL DE CLUBES 2029


















