¿Te acuerdas cómo eran las cosas en la escuela? Quizás estés pensando que son muy distintas a la vida «real», la vida de adulto… pero tal vez no tanto… checa:

La educación es un fuerte creador de sociedades, su impacto es tan amplio que puede definir las condiciones de un grupo o bien dar explicación de las mismas. Por ende, es de vital importancia considerar la educación como ese eje guía que nos lleve al tipo de sociedad que deseamos.
Pero antes de dirigirnos a donde deseamos, sería importante retomar de donde venimos para explicar las condiciones actuales y así, por inferencia encontrar los cambios que debemos hacer, para resolver lo que no queremos.
Tomemos como ejemplo nuestro hermoso país, México. Desde una experiencia personal, la educación en las pasadas décadas era simple: un maestro sabe-lo-todo ante un grupo de alumnos considerado ignorante por default. Las premisas dadas por el maestro, eran tomadas como verdad absoluta, negando por completo el desarrollo de la habilidad crítica de un alumno.
El conocimiento era simplemente dado por el maestro, el alumno no era impulsado a generar conocimientos nuevos, sobretodo si contradecían los dictámenes del profesor o del programa. Los alumnos eran todos iguales, todos debían aprender de la misma forma: “calladitos, quietecitos, atentos al pizarrón” sin considerar las inteligencias múltiples (Howard Gardner) o bien las diferentes modalidades de aprendizaje.
Con los lineamientos de la escuela tradicional, los niños visuales con inteligencia matemática o lingüística tenían una predisposición para aprender mejor, que los niños cinestésicos (por esa necesidad de movimiento) o los que tienen inteligencia musical (que ni siquiera era evaluada).
Así, a lo mejor si no eras «bueno» para la escuela, creciste pensando que eras «tonto» porque tus inteligencias diferentes al sistema escolar nunca fueron tomadas en cuenta.
¿Qué consecuencia podría devenir de esto? Quizás ciudadanos adultos acostumbrados a pedir, a que se les de hecho, personas enfocadas en el problema, nunca en la solución, pues la solución es dada por el maestro.
Si no se fomentó la creación de creadores o iniciadores de propuestas, tal vez se alentó la formación de receptores resignados sin voz o voto válido. Posiblemente también podría generar a rebeldes que no aceptaban las condiciones dadas pero a riesgo de recibir un castigo, se rebelan a escondidas, haciendo las cosas “por la chueca”, situación que podría explicar la corrupción existente.
La falta de impulso a la creatividad individual, pudo resultar en la tendencia a buscar emplearse en lo “ya establecido” a seguir los patrones de conducta de nuestros predecesores, en lugar de crear lo inexistente pero congruente con nuestra autorealización, llámese emprendedurismo. Y de ahí tantos empleados promedio, (conocidos como godínez) haciendo trabajos promedio sin motivación para hacerlo mejor, finalmente igual les pagan.
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Lamentarse hoy no sirve de mucho, más darnos cuenta puede hacer que cada receptor de esta reflexión haga su cambio desde su propia trinchera y voltee a su individualidad: ¿Cuáles son tus dones únicos y cómo sirves y te sirves de ellos? ¿Tu trabajo te lleva a la autorealización? ¿De qué mejor manera puedes servir al mundo?
Tomando como referencia al psicólogo Abraham Maslow: «todo esto que necesitamos es justo lo que nos motiva a desarrollarnos», es decir somos responsables de nuestro propio progreso. ¡Tú también!
Autor: Vanessa Padmir















