REDACCIÓN MACRONEWS.- La crisis por el exceso de turismo en Japón ha alcanzado un punto de ruptura en Fujiyoshida. Las autoridades de esta localidad, famosa por ofrecer una de las vistas más icónicas del monte Fuji enmarcado por cerezos en flor, anunciaron la cancelación definitiva del festival de los cerezos (sakura) tras diez años de celebración. El alcalde, Shigeru Horiuchi, justificó la drástica medida señalando que la afluencia masiva de visitantes se ha vuelto «inmanejable» y amenaza la dignidad y tranquilidad de los residentes.

El parque Arakurayama Sengen, que en 2016 abrió sus puertas para fomentar el turismo, se convirtió en víctima de su propio éxito. Impulsado por la debilidad del yen y la viralidad en redes sociales, el sitio llegó a recibir hasta 10,000 visitantes diarios, superando por completo la capacidad de la infraestructura local. Lo que inició como un proyecto para dinamizar la economía ha derivado en problemas graves de basura, atascos crónicos y comportamientos vandálicos por parte de los turistas.
Los testimonios de los habitantes son alarmantes: denuncian que los visitantes invaden propiedades privadas, abren puertas de hogares sin permiso para usar el baño e incluso han defecado en jardines particulares tras recibir reclamos por su conducta. Esta situación de «turismo tóxico» ya había forzado medidas extremas en otras zonas de Japón, como la instalación de barreras físicas para bloquear vistas fotográficas. La cancelación en Fujiyoshida se suma a una tendencia global de restricciones, similar a las tasas de entrada implementadas recientemente en la Fontana di Trevi en Roma o en la ciudad de Venecia, buscando priorizar la supervivencia de las comunidades locales frente al ocio masivo.
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