MADRID, ESPAÑA (2 de enero, 2026). A sus 76 años, Joaquín Sabina ha decidido que es momento de colgar el bombín. Lo que comenzó como una despedida en los escenarios en 2025, culmina este viernes con la transmisión nacional de su último recital grabado de forma íntegra. El artista, que durante décadas fue el cronista de la noche madrileña, intercambia ahora los aplausos por la compañía de su esposa, Jimena Coronado, en una jubilación que busca la privacidad.
🥃 Una vida de excesos y redención
La trayectoria de Sabina no se entiende sin los claroscuros que alimentaron sus letras. Durante gran parte de su carrera, el cantautor estuvo inmerso en una vida de adicción a las drogas y el alcohol, factores que si bien formaron parte de su mística de «bala perdida», también le pasaron una factura severa:
El punto de inflexión: El ictus que sufrió en 2001 (el famoso «marichulazo») le obligó a replantearse su estilo de vida y a alejarse de la cocaína, aunque la depresión posterior lo mantuvo alejado de los escenarios por un tiempo.
Problemas de salud recientes: En los últimos años, su salud ha sido frágil. Desde la aparatosa caída del escenario en 2020 que le provocó un hematoma intracraneal, hasta problemas respiratorios que forzaron la cancelación de varios shows, Sabina ha demostrado una resiliencia casi milagrosa.
📸 Jimena Coronado: El bálsamo del guerrero
Si hay alguien responsable de que el artista haya llegado activo a los 76 años, es Jimena Coronado. La fotógrafa peruana, su pareja desde hace más de 25 años y esposa desde 2020, ha sido su mayor apoyo:
Estabilidad emocional: Jimena fue quien lo rescató de la soledad y el caos de su etapa más autodestructiva.
Musa y guardiana: No solo ha inspirado canciones, sino que ha gestionado su entorno para que el artista pudiera concentrarse en su recuperación y en su última gran gira mundial.
«Espero ser menos una persona pública a la que matan a selfis y dedicarme a leer y a pintar», confesó Sabina al periodista Carlos del Amor.



















