HIGIENE DE MANOS: EL ESCUDO CONTRA INFECCIONES CON HASTA 150 ESPECIES DE BACTERIAS Y 10 VECES MÁS GÉRMENES QUE UN INODORO
Redacción Macronews.– Mantener una correcta desinfección de las extremidades superiores se ha consolidado como la estrategia de salud pública más económica y eficaz para prevenir enfermedades. De acuerdo con estudios clínicos y datos del Hospital Quirónsalud Tenerife, en nuestras manos pueden habitar simultáneamente más de 150 especies de bacterias, convirtiéndose en el principal vector de contagio para patologías como la Covid-19, la gripe, la hepatitis A y diversas gastroenteritis. A pesar de su relevancia, las estadísticas revelan una brecha de higiene preocupante: se estima que solo dos tercios de los adultos realizan un lavado adecuado tras utilizar los servicios sanitarios, ignorando que dispositivos de uso cotidiano, como los teléfonos móviles, pueden albergar hasta 10 veces más bacterias que el asiento de un inodoro público.
La doctora Salomé de los Reyes Palmero Álvarez destaca que las manos están en contacto permanente con las principales vías de entrada de microorganismos: ojos, nariz y boca. En el entorno laboral, los riesgos son palpables, ya que hasta un 20% de los trabajadores contrae enfermedades infecciosas en su puesto debido a superficies colonizadas. Los puntos críticos de contaminación incluyen las puertas (con un 38% de superficies colonizadas), botones de ascensor (20%) y barandillas (14.5%). Asimismo, se resalta un dato biológico relevante: la piel masculina, al ser más ácida, dificulta el crecimiento bacteriano en comparación con la femenina, lo que subraya la necesidad de una higiene rigurosa sin distinción de género.
Para garantizar una erradicación efectiva de la «flora transitoria» o contaminante, los especialistas recomiendan un lavado con agua y jabón de, al menos, 40 segundos, o bien el uso de soluciones hidroalcohólicas. El proceso debe constar de seis fases críticas que incluyan el frotado de palmas, dorsos, espacios interdigitales, nudillos, pulgares y yemas de los dedos. Adoptar esta práctica, especialmente antes de manipular alimentos —donde bacterias como la salmonella representan un riesgo latente— y tras el uso de dispositivos electrónicos, constituye un acto de responsabilidad social que reduce drásticamente la propagación de microorganismos, incluso aquellos resistentes a los antibióticos.








