EL BESTIARIO
SANTIAGO J. SANTAMARÍA
Con sus ‘locuras’ de ruptura con el orden establecido, de inversión de la cotidianidad, de ocultación, equívoco y fantasía; estos días de ‘familiaridad’ y ‘leyes secas’ en el Caribe Mexicano, emuladores de Río de Janeiro, Venecia, Barranquilla, Santa Cruz de Tenerife, Colonia, Cádiz…, ojalá sirvan de catarsis temporales y animen a los ‘quijotes’ a no enfrentarse a los molinos sino a las metáforas del vivir; acomodarse uno a la locura de las libertades no es tarea fácil, a todas luces, Miguel de Cervantes nos marcó el camino, siglos ha; en mi juventud estaban prohibidas estas “fiestas endemoniadas’ por orden del dictador Franco, puntualmente asesorado por la Iglesia de aquella época; los ‘pecados de la carne’ eran los argumentos eclesiásticos, a pesar de que el cardenal primado, Pedro Segura, cuentan las leyendas urbanas de la época, fue padre de un niño parido por una marquesa y mojigata de Sevilla; los ‘Aratusteak’ -carnavales en el País Vasco- hicieron oídos sordos a las amenazas franquistas, sobre todo en Navarra; Pío Caro Baroja aprendió cine en México, y nos legó un documental, ‘El carnaval de Lanz’, un santuario de libertad, desmadre, jolgorio, alegría, transgresiones, delirios, e incluso de pasiones inventadas
“Pueblo chico, infierno grande”, dice el refrán. “Pueblo pequeño, gran carnaval”, dicta la experiencia. Muchos de los carnavales más interesantes en el mundo se celebran en localidades de menos habitantes. En ellas adquiere su sentido más profundo de ruptura con el orden establecido, de inversión de la cotidianeidad, de ocultación, equívoco, fantasía… En ocasiones, los protagonistas superan en número a los espectadores; y es entonces cuando las fiestas populares muestran su más auténtica carta de naturaleza. Y su rostro más apasionante. En mi juventud, allá por los 70 del pasado siglo, estaban prohibidas estas “fiestas endemoniadas’ por orden del dictador Francisco Franco, puntualmente asesorado por la Iglesia de aquella época. Los ‘pecados de la carne’ eran los argumentos eclesiástico, a pesar de que el cardenal primado, Pedro Segura, cuentan las leyendas urbanas de la época, fue padre de un niño parido por una marquesa y mojigata de Sevilla. Eran tiempos de aristocracias decimonónicas, de edictos moralizantes y prohibitivos para la plebe. Había que marcar diferencias.
El caudillo, sin embargo, natural de El Ferrol, en la Coruña de Galicia, golpista nato, no confiaba en los ‘gallegos’, adictos a las conspiraciones históricas. Y los ‘Aratusteak’ -carnavales en el País Vasco- hicieron oídos sordos a las amenazas franquistas, sobre todo en las zonas rurales, como Lanz. En esta localidad del norte de Navarra situada entre los valles de Ulzama y Anué se representa la captura y ajusticiamiento -es quemado- el mítico y legendario bandido Miel Otxin. Pío Caro Baroja, sobrino del escritor de la Generación del 98, Pío Baroja, aprendió cine en México, y nos legó un documental, “El carnaval de Lanz”, una reliquia que data de 1964. En aquellos tiempos buscábamos estos pequeños santuarios de libertad, desmadre, jolgorio, alegría, transgresiones, delirios, e incluso de pasiones inventadas.
“Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme”, me comentaba el jefe de Salud Mental de Eibar, en Gipuzkoa, País Vasco, Pablo Gallastegui. Esta gentil declaración de este psiquiatra encierra, me parece a mí la más fina y sutil interpretación de Cervantes. Porque don Quijote no está loco y Cervantes mucho menos, eso lo sabemos desde el principio del libro. Don Quijote es hidalgo cincuentón y soltero que, llegado a ese ápice de la vida, decide pegar el salto cualitativo y cambiar la realidad de los libros por la irrealidad de la vida, mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito. Don Quijote principia, o casi, por hacer realidad una metáfora, los molinos que se parecen a los gigantes, y arremete contra una realidad literaria que le desbarata, como tantas otras le van a desbaratar a lo largo de su nuevo camino. Pero aprendamos esto: que don Quijote nunca se enfrenta sino contra metáforas del vivir. La locura empieza con la realidad y no antes.
Pablo Gallastegui, freudiano y lacaniano, por entonces, sin tanto neurólogo marcando cátedra como hoy, vio bien que el hombre en madurez o pega ese salto que digo o le toma ya la postura a la vida, que es la muerte, y no dará más de sí. Don Quijote acierta con ese momento en que se cambia de vida, de cabalgadura, de compañía -Sancho Panza- de curas y bachilleres, de dueñas y sobrinas, del mismo sol en los mismos escenarios de novelas de caballerías. Los libros que leía en las librerías ‘Ghandi’ de entonces, limitados a castillos y conventos, le estaban hurtando a la poesía de la acción con la poesía poética y mala de la dicción. Así que incluso se inventa, entre las pasiones militares y andantes, una nueva pasión amorosa. Es la primera lección que Cervantes nos da en su libro.
El ‘manco de Lepanto’ es quien rompe con la mediocridad de su vida, pálidamente enaltecida de glorias bélicas, para emprender un libro donde está su rabia por el mundo, su energía al fin liberada al servicio de sí mismo, no ya la energía domeñada y servil del alcabalero y otras suertes. Cervantes es irónico por anacrónico. Ha empezado tarde su aventura y lo sabe. El Quijote de la Mancha no es el libro que vive sino la vida que no ha vivido, y no nos pone a su personaje como ejemplo de nada ni hidalguía de nadie, sino como caso singular de hombre que se decidió a pegar el salto y ese salto quien lo pega es él mismo en figura de Quijote, e incluso se lo hace pegar a un pobre borriquero hecho de perezas y conformidades, siendo así que Sancho nunca pierde el sentido, ese inútil y pobre sentido común del pueblo, pero tampoco pierde la ironía y la distancia para burlarse de su amo, eso sí, con todos los respetos. Don Quijote entra en su nueva edad como un escándalo y Sancho pasa todas las aduanas como un saco de centeno.
Tenemos, entonces, el salto desdoblado en tres. Cervantes que roba la fama con un libro, don Quijote que toma por asalto la libertad del vivir más allá de la edad y la voluntad. Sancho, que primero a regüeldo -con ruidos estomacales y eructos- y luego a pleno pulmón, vive vida de caballero andante sin haber leído tales libros. Es la primera rebelión española del intelectual aburguesado, la primera revolución burguesa del hidalgo antecedente y el primer motín del castellano pueblo, un motín de uno solo, Sancho, que vale por todos los que vendrán. Aún hoy, y hoy más que nunca, el hombre que no hace esa revolución interior, que no pega ese salto vecinal, será comido por el poder, amortajado por lo establecido y muerto de asco…
Queremos a Cervantes no tanto por ilustre como por hombre medio que roza irónicamente el fracaso para triunfar con su España real
Hay tres razones para ser héroe, como diría el pintor catalán Salvador Dalí. En Cervantes, estas razones son el inventarse pasiones, la capacidad de ejercitarse contra el tiempo y el haber roto con el compromiso burgués de la novela y de la vida. El hombre que se inventa pasiones es tan héroe o más como el que las vive. El hombre que se ejercita a diario, no sabemos si para la vida o para la muerte, es el que quiere agotarlo todo aquí y, como decía Juan Ramón Jiménez, que la muerte cuando llegue, sólo encuentre un pellejo vacío, porque nuestra sementera humana la hemos esparcido fecundamente. Queremos a Cervantes no tanto por ilustre como por hombre medio que roza irónicamente el fracaso para triunfar de la España oficial con su España real.
Estos días de ‘familiaridad’ y ‘leyes secas’ de los Carnavales en Cancún, Solidaridad, Cozumel, Chetumal, Isla Mujeres… y otros municipios de Quintana Roo, quizás, demasiado ‘ligths’ si los comparamos con los de Río de Janeiro, Venecia, Barranquilla, Santa Cruz de Tenerife, Colonia, Cádiz…, ojalá sirvan de catarsis temporales y animen a los ‘quijotes’ a no enfrentarse a los molinos sino a las metáforas del vivir. Acomodarse uno a la locura de las libertades no es tarea fácil, a todas luces. Miguel de Cervantes nos marcó el camino, siglos ha.
‘El ingenio Hidalgo’ comparte celda con El Chapo. Joaquín, sesentón, debe cambiar la irrealidad de su vida por la realidad de los libros y volver más tarde al mundo “mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito”, que narra Voltaire en su “pacto social” de tolerancia… ‘El Chapo’ Guzmán tiene en su celda estadounidense a “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes. Desde que fuera recapturado un 8 de enero e ingresado en el penal de máxima seguridad de “El Altiplano”, las autoridades le entregaron el clásico literario, porque llegó “cansado y deprimido de estar huyendo”. “Le ofrecimos ‘El Quijote’, creemos que es un libro excelente y tenemos que empezar a darle este tipo de nociones”. Los prepotentes carceleros subestimaron al narco, protagonista de su propia novela de caballerías del lejano 1605 como ‘El ingenioso Hidalgo, don Quijote de la Mancha’, en un lugar de Sinaloa, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Si ‘El Chapo’ podría ser vagamente simpático hace veinte años ahora no es simpático en absoluto, es otro Chapo, es otro narco
Es el tipo de narco mexicano clientelar; el personaje de don Epifanio Vargas, el narco de la novela “La Reina del Sur”, del escritor español Arturo Pérez Reverte, se basa en tipos como él. El narco ha cambiado. Era un narco más patriarcal, menos violento, más clientelar en el sentido padrino, más orientado a proteger a una clientela en la que se amparaba. Pero al caer los grandes capos de la droga entraron los sicarios a repartirse el “pastel”, de forma más violenta y sangrienta.
Cuando escribe Arturo Pérez Reverte su novela en el 2002, todavía era posible encontrar aspectos amables o pintorescos en el mundo del narco. Era toda una sociedad que fumaba narco, bailaba narco y escuchaba música narco. Hay un aspecto folklórico y social muy popular. Todo eso se mermó con la violencia y la sangre, y ahora no veo que haya nada ni amable ni simpático en ese mundo sino todo lo contrario. Los narcos que inspiraron “La Reina del Sur” están muertos o en la cárcel. Ahora es el eslabón asesino el que se adueñó de los resortes.
‘El Chapo’ está a caballo entre los dos mundos; viene de aquellos patriarcas de la droga, pero ya está salpicado por la violencia en la que el narco se ha convertido en los últimos tiempos. Si ‘El Chapo’ podría ser vagamente simpático hace veinte años ahora no es simpático en absoluto. Es otro Chapo, es otro narco. Kate del Castillo se impregnó de la psicología de Teresa Mendoza y además se mostraba orgullosa de que fuera así. Supongo que eso la empujó a creer que comprendía. De ahí que la fascinación por el personaje la llevara a la fascinación por los personajes que inspiraba la novela.
Sean Pen sigue chismeando sobre su Chapo, fotografiados por los servicios secretos mexicanos, una ‘ordinaria locura’ de Bukowski
También ‘El Chapo’ estaba fascinado por ella. Una doble fascinación: la de la actriz que encarna a una narcotraficante, por su personaje, y la del narco, que ve a una actriz encarnar a un personaje que le deja seducido por lo perfecto de su interpretación. Estos personajes hubieran “enganchado” al director de cine del suspense Alfred Joseph Hitchcock, un enfermizo enamorado de sus actrices y además, productor de películas. El díscolo Sean Pen sigue chismeando sobre su encuentro con ‘El Chapo’, fotografiado por los servicios secretos mexicanos. Nada que ver con un personaje de Miguel de Cervantes. Charles Bukowski carcajea desde la eternidad: una ordinaria locura en el siglo XXI.
Las fugas del narcotraficante mexicano Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán ha calado hondo en la política nacional e internacional además de servir de inspiración para numerosas canciones épicas sobre su figura, esos narcocorridos que convierten su “cacería” en una balada. Ahora será Ridley Scott, el cerebro detrás de clásicos del cine como ‘Alien’ o ‘Blade Runner’, quien llevará la vida y fuga del narcotraficante más poderoso del planeta todavía más lejos, dispuesto a convertir su historia en su próxima película. Así lo anunció la revista The Hollywood Reporter, confirmando que Scott y su productora, Scott Free, han adquirido los derechos de la novela de Don Winslow titulada ‘El cartel’ para llevarla a la pantalla. El libro, convertido en un best seller, es una versión de ficción de la vida de El Chapo e incluye su primera fuga, en 2001, cuando supuestamente se escondió en el cesto de la ropa sucia.
La novela ‘El Cartel’ cubre con todo detalle una década en el mundo del narcotráfico y la crítica lo compara con ‘El Padrino’ de Mario Puzzo
Winslow estudió durante un decenio la vida de ‘El Chapo’ y el funcionamiento de su cartel. Sin embargo, ‘El cartel’ no llama a Joaquín Guzmán por su nombre y prefiere contar la historia de dos amigos, Art Keller y Adan Berrera, cuya vida les va separando, el primero dedicado a la lucha contra el narcotráfico y el segundo al frente del cartel de Sinaloa. La novela cubre con todo detalle una década en el mundo del narcotráfico, del 2004 al 2014, y la crítica lo compara con ‘El Padrino’ de Mario Puzzo pero con una historia que transcurre al sur de la frontera estadounidense.
La publicación de ‘El Cartel’ no pudo llegar en mejor momento. La novela de ficción salió a la venta en junio y a mediados de julio El Chapo Guzmán se escapaba por segunda vez de la prisión de máxima seguridad en la que se encontraba. Su fuga tenía todos los elementos de una película de acción de Hollywood. El narcotraficante se descolgó por el agujero de la ducha, donde había solicitado que quitaran la cámara de seguridad, y a lomos de una moto atravesó el subsuelo de la cárcel por un túnel de 1,5 kilómetros con ventilación y luz eléctrica.
Scott conoce bien el género. Uno de sus últimos títulos, ‘El Consejero’, protagonizado por Penélope Cruz y Javier Bardem está basado en la novela de Cormac McCarthy sobre el mundo del narcotráfico en la frontera entre Estados Unidos con México. A pesar de la opinión de la crítica el realizador considera la cinta una de sus mejores películas, opinión con la que coincide el mexicano Guillermo del Toro. A sus 77 años, Scott está más activo que nunca. El británico lleva una media de una película al año, títulos épicos en los que alterna historias como ‘Éxodo’, sobre la figura de Moisés, a ‘Prometheus’, sobre el origen del monstruo que protagonizó y dio nombre a su clásico de terror, ‘Alien’.
Ridley Scott rodará en la cárcel vieja de Málaga su película ‘The Cartel’, narra la guerra por el control del tráfico de drogas entre México y EE UU
En la actualidad el realizador nominado en tres ocasiones al Oscar está dando los últimos toques a su nuevo épico espacial ‘The Martian’. Protagonizada por Matt Damon, la cinta cuenta la historia de un astronauta que dado por muerto en una misión espacial en Marte se ve abandonado en un planeta hostil sin posibilidad de rescate a la vista. Según The Hollywood Reporter Scott dirigirá y producirá ‘El cartel’ mientras que Shane Salerno se encargará de adaptar el libro a la pantalla. El guionista ya adaptó con anterioridad la otra novela de Winslow sobre el narcotráfico, un filme que dirigió Oliver Stone y que se tituló ‘Savages’.
Ridley Scott rodará en la vieja cárcel de Málaga, cerrada desde 2009, escenas de la película ‘The Cartel’, en la que narra la lucha sin cuartel por el control del tráfico de drogas entre México y Estados Unidos. El diario Sur de Málaga informa de que la productora Scott Free convertirá el viejo penal, que fue inaugurado en 1933, en una prisión mexicana en la que estuvo encerrado el narcotraficante mexicano Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán hasta su primera y espectacular evasión en 2001.
Scott ha elegido España por quinta vez para rodar una de sus películas. El cineasta llevará a la pantalla una versión de ficción de la vida de ‘El Chapo’, basada en la novela de Don Winslow, que incluye su primera fuga, en 2001, cuando supuestamente se escondió en el cesto de la ropa sucia. El cineasta ha recorrido durante los últimos años en varias ocasiones Andalucía en busca de localizaciones para su nuevo proyecto. El diciembre pasado visitó el penal malagueño, sito en la Cruz de Humilladero, para ver si podía servir para ambientar la cárcel desde la que Chapo dirigió todos sus negocios a pesar de tratarse de un centro de máxima seguridad. El narcotraficante se evadió de la prisión de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero de 2001, tras involucrar a más de 60 funcionarios del centro…
La ejecución, apaleamiento y quema del bandido Miel Otxin, momento cumbre de la celebración en Lanz, Navarra, España
Dos tiros con pólvora pusieron anoche fin a la efímera existencia del mítico Miel Otxin, el personaje central del carnaval de Lanz (Navarra), sin duda uno de los más antiguos y tradicionales de cuantos se celebran actualmente en España. Este peculiar carnaval, Lantz en euskera (vasco), que perduró durante y a pesar del régimen franquista, representa la condena y posterior ajusticiamiento popular de un famoso bandido: Miel Otxin. La mascarada concluyó con el apaleamiento del bandolero y la quema de sus restos, mientras los participantes en el festejo celebraban el acontecimiento bailando en corro alrededor de la fogata al son del txistu.
El carnaval del Lanz, pequeña población situada a unos 25 kilómetros de Pamplona representa, la condena y posterior ajusticiamiento popular de un famoso bandido, Miel Oixin, quien, según la leyenda, cometió toda clase de fechorías contra los habitantes de la zona. La muerte de Miel Otxin, un gigante de paja de más de tres metros de altura y unos treinta kilos de peso, tuvo lugar, en esta ocasión, en presencia de menos público del que es habitual y con una temperatura de algo más de 7 grados bajo cero. El bandolero, dueño y señor de Lanz durante estos dos últimos días, se paseó nueva e impunemente por las calles de la villa, entre los aullidos y lamentos de la comitiva carnavalesca. Ese era su pequeño consuelo antes de que dos tiros de escopeta de caza segasen anoche definitivamente su vida y pasara a ser pasto de las llamas, entre el regocijo del pueblo y la impasibilidad de los visitantes.
En este ancestral carnaval -que no es un mero espectáculo folklórico como pudiera creerse, sino la exteriorización de los sentimientos de rabia, venganza y odio, hacia un personaje, según algunos escritores- toman parte, además, del gigante Miel Otxin, para cuya elaboración se precisan muchas horas; el Ziripot, la figura grotesca de la fiesta, encarnada por un joven embutido en dos sacos atiborrados de heno y helechos secos que le impiden prácticamente andar y que apenas si le permiten mantenerse en pie; el Zaldiko (caballito) es un mozo disfrazado de caballo que corre, salta y provoca a empujones las repetidas caídas del pobre Ziripot; los txatxos (máscaras) son jóvenes del pueblo disfrazados de forma caótica y abigarrada, con las caras tapadas con telas de saco, cubiertos de pieles de vaca, carnero, oveja e incluso jabalí y armados de escobas, palos u horcas; y, por último, los arotzak (herreros), quienes, embozados en ásperas sábanas de arpillera y provistos de un caldero con fuego, martillos y tenazas, tratan de herrar al Zaldiko.
El bandolero -ataviado con una camisa chillona, una enorme fa a roja, pantalones azules, polainas y capirote- permanecía, no obstante, indiferente
Precisamente, a hombros de uno de estos txatxos, hace unos días salió del desván de la posada-ayuntamiento del pueblo, a las concurridas calles, el mítico gigante Miel Otxin. En su salida fue acompañado por el resto de la mascarada, que le siguió profiriendo furiosos aullidos y potentes irrintzis (gritos). El bandolero -ataviado con una camisa chillona, una enorme fa a roja, pantalones azules, polainas y capirote- permanecía, no obstante, indiferente. Entre las máscaras o txatxos apareció tambaleante el ziripot, la montaña de carne, con su ridícula cabecita. Los txatxos protegían al ziripot de las furiosas y rápidas embestidas del zaldiko. Pero esta protección a lo largo del recorrido no era suficiente ya que el caballito en cuanto tenía la menor oportunidad asestaba un golpe con la parte delantera de su aparejo o le propinaba una coz, derribándolo en medio de la nieve que cubría las calles.
Las continuas caídas del ziripot que éste exageraba lanzando ridículos gemidos y moviendo al aire sus gruesas piernas, provocaron las chanzas y burlas de los espectadores. Cayó numerosas veces a lo largo del breve recorrido, ante la atenta -y curiosa- mirada de los niños y espectadores y, en otras tantas ocasiones, fue ayudado a levantarse por las máscaras, quienes, posteriormente, perseguían al zaldiko entre el hielo y la nieve. Por fin, los txatxos y los arolzak, cuando la mascarada llegó a la que se denomina casa arotzanea (o casa del herrero, aunque en Lanz, nunca existió una fragua), cogieron al zaldiko fingiendo herrarlo, a lo que éste se opuso profiriendo fuertes gritos. La comitiva recorrió de esta singular guisa todas las calles del pueblo seguida de cerca por los espectadores.
Las cenizas del mítico bandido Miel Otxin, muerto de dos tiros de pólvora, son aventadas en espera de su próxima resurrección
Los txatxos iban y venían a lo largo del camino, ululando, contorsionándose e intimidando con su aspecto siniestro a los pequeños, a quienes también perseguían. En ocasiones el presunto escobazo no llegaba y se convertía en una batalla de bolazos de nieve. Miel Otxin, mientras tanto, permanecía indiferente a lo que sucedía a su alrededor. Se repitió de nuevo el tradicional paseo de la comitiva al mediodía por las calles de la villa navarra. El recorrido de Miel Otxin por Lanz se reanudó posteriormente por la noche, aunque; en esta ocasión, bajo la atenta mirada de varios cientos de personas que acudieron a presenciar el acto final del carnaval: el juicio de Miel Otxin y su quema. El final de este paseo tendrá lugar en la plaza del pueblo. Allí será apaleado y juzgado.
Miel Otxin es siempre culpable y como tal recibe los ataques de los txatxos, uno de los cuales le dispara dos tiros con pólvora. El gigante cae muerto en tierra, momento en el que las máscaras se abalanzan sobre él rasgándole las vestiduras y descuartizándolo. La hierba que lleva en sus entrañas se hace un montón y todos los txatxos, a los que se unen los hombres del pueblo, bailan un zortziko en torno al gigante caído, a la vez que lanzan desgarrados irrintzis. Cuando se consume la pira y después de que las cenizas del mítico bandido son aventadas en espera de su próxima resurrección, el carnaval ha finalizado.
Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza ‘cabalgan’ en los Carnavales de Quintana Roo y en Lantz, Navarra, País Vasco. Con sus ‘locuras’ de ruptura con el orden establecido, de inversión de la cotidianidad, de ocultación, equívoco y fantasía; estos días de ‘familiaridad’ y ‘leyes secas’ en el Caribe Mexicano, emuladores de Río de Janeiro, Venecia, Barranquilla, Santa Cruz de Tenerife, Colonia, Cádiz…, ojalá sirvan de catarsis temporales y animen a los ‘quijotes’ a no enfrentarse a los molinos sino a las metáforas del vivir; acomodarse uno a la locura de las libertades no es tarea fácil, a todas luces, Miguel de Cervantes nos marcó el camino, siglos ha; en mi juventud estaban prohibidas estas “fiestas endemoniadas’ por orden del dictador Franco, puntualmente asesorado por la Iglesia de aquella época; los ‘pecados de la carne’ eran los argumentos eclesiásticos, a pesar de que el cardenal primado, Pedro Segura, cuentan las leyendas urbanas de la época, fue padre de un niño parido por una marquesa y mojigata de Sevilla; los ‘Aratusteak’ -carnavales en el País Vasco- hicieron oídos sordos a las amenazas franquistas, sobre todo en Navarra; Pío Caro Baroja aprendió cine en México, y nos legó un documental, ‘El carnaval de Lanz’, un santuario de libertad, desmadre, jolgorio, alegría, transgresiones, delirios, e incluso de pasiones inventadas.
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