Vivimos ajenos a nuestros ritmos y ciclos naturales. Hacer las cosas sin apresurarnos nos liberará de la frustración y nos permitirá ser más felices.
Hemos nacido en la época de la prisa y de la aceleración.Pero no podemos hacer que una flor crezca más rápido tirando de ella. Iríamos contra su naturaleza y la romperíamos. La naturaleza nos enseña que cada proceso tiene su tiempo y su ritmo.
Lo natural es la espera
A veces conviene esperar, como hace buena parte de la naturaleza en invierno. Los árboles de hoja caduca esperan a que llegue la primavera para rebrotar con toda su vitalidad, y algo semejante hacen los animales que hibernan en sus guaridas.
La verdadera libertad se basa en el autocontrol, que nos permite fluir sin que la impaciencia y las distracciones nos desvíen del presente, como un árbol que mantiene firmes sus raíces por más que sople el viento, o como un océano cuyo fondo se mantiene en calma por más que en la superficie se alcen las olas.
“Quien se controla a sí mismo puede alcanzarlo todo”, afirmaba un sabio chino. Una de las claves del pensamiento chino antiguo es actuar, como la naturaleza, sin apresurarse ni retrasarse, en concordancia con cada proceso, armonizando lo interior y lo exterior.

El Yi king, o Libro de los cambios, es uno de los grandes clásicos chinos y uno de los textos más antiguos que se conservan (su núcleo, al que se han ido añadiendo comentarios a lo largo de los siglos, tiene más de tres mil años de antigüedad).
Es un libro de adivinación que a través de sesenta y cuatro hexagramas describe sesenta y cuatro tipos de procesos, aconsejando lo más oportuno para cada uno de ellos. En algunos de tales procesos se recomienda esperar, como una montaña, que en esta obra encarna la virtud de mantenerse quieto.
Si los obstáculos son insuperables, es sabio detenerse y retirarse para preparar con personas afines, y con paciencia y perseverancia, el momento de superarlos.
El taoísmo chino se inspira en los procesos naturales y especialmente en el agua: el agua es paciente, sabe aquietarse y esperar y consigue erosionar las rocas más duras. Una de las obras clásicas del taoísmo, el Zhuangzi, recoge estas palabras: “Moveos como el agua. Con la quietud de un espejo, responded como el eco. Vivid ausentes, como si no existierais, en silencioso sosiego como la pureza del vacío”.
El Zhuangzi describe al sabio como alguien que tiene una respiración muy profunda y por tanto muy tranquila: si el hombre común “respira desde la garganta”, el sabio en cambio “respira desde los talones”. El pensamiento chino antiguo también describe al sabio como aquel que sabe aprovechar la oportunidad: cuando conviene actuar, actúa, y cuando conviene retirarse, se retira.
La sociedad de consumo estimula la gratificación inmediata de nuestros deseos e invita por tanto a la impaciencia. Pero una vida plena requiere aprender a demorar la gratificación.
Un estudio que lleva realizándose en la ciudad neozelandesa de Dunedin desde el año 1972, observa los progresos de los 1.037 bebés que nacieron en la ciudad en ese año. Se han ido observando parámetros que tienen que ver con la paciencia, perseverancia, concentración, superar la frustración y el control de los propios impulsos durante la infancia, la pubertad y la edad adulta.
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La conclusión de este estudio sin precedentes es que las personas que en su infancia mostraban una mayor capacidad de autocontrol son también las que en su vida adulta tienen mejor salud, menos problemas y mayor estabilidad económica y personal. Todo ello independientemente de su nivel de inteligencia y del estatus social de su familia.
Fuente:mentesana.es




















