
WASHINGTON, D.C. – Más allá de su vasta extensión de hielo, Groenlandia se ha consolidado como el nuevo tablero de ajedrez en la guerra comercial y tecnológica global. Con reservas estimadas en 1.5 millones de toneladas de tierras raras, la isla alberga elementos esenciales como el neodimio y el lantano, fundamentales para fabricar desde vehículos eléctricos hasta misiles de alta precisión.
Inversión millonaria en marcha La administración Trump ha pasado de las palabras a la acción. En una de las primeras grandes movidas de su nuevo mandato, la empresa estadounidense Critical Metals recibió una oferta de financiamiento por 120 millones de dólares para explotar el yacimiento de Kringlerne. Este depósito, ubicado en el sur de la isla, es considerado uno de los más grandes del mundo y marcaría la primera gran inversión minera de EE. UU. en el extranjero bajo esta gestión.
Disputa global por los recursos Groenlandia no solo atrae a Washington; la Unión Europea ya ha identificado allí 25 de las 34 materias primas críticas que necesita para su transición verde. Sin embargo, el camino no es fácil: proyectos fallidos como el de Kuannersuit han terminado en demandas multimillonarias, evidenciando que extraer la riqueza de la isla conlleva riesgos políticos, financieros y ambientales extremos en un territorio que lucha por mantener su soberanía frente a las potencias mundiales.









