El comité noruego subraya que el premio es «también un llamamiento» a los países que cuentan con arsenal atómico a que inicien «negociaciones serias» para eliminarlo.

En plena escalada de tensión por el creciente desafío nuclear de Corea del Norte y por las sombras que se agolpan sobre el pacto atómico con Irán, el premio Nobel de la Paz galardonó este viernes la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, un grupo que reúne ONGs de más de un centenar de países. El comité noruego señala en su motivación que el riesgo de conflicto atómico es ahora mayor de lo que ha sido en mucho tiempo y reclama a las potencias nucleares que avancen en el desarme.
El premio Nobel reconoce el trabajo de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) en la concienciación acerca de “las catastróficas consecuencias del uso de armas nucleares” y por “sus esfuerzos pioneros para lograr un tratado de prohibición de esas armas”.
El texto del tratado fue aprobado en la ONU el pasado mes de julio con 122 votos a favor y uno en contra, Holanda. Las nueve potencias nucleares y todos los miembros de la OTAN salvo Holanda figuran en el grupo de los abstenidos. EEUU, Francia y Reino Unido afirmaron entonces en un comunicado que no pensaban sumarse al tratado, y señalaban que «una prohibición que no solucione los problemas de seguridad por los que una fuerza nuclear disuasoria sigue siendo necesaria no resultará en la eliminación de una sola arma atómica y no mejorará la seguridad de ningún país ni la paz internacional».

El tratado es un nuevo movimiento político, desprovisto de eficacia real, para lograr un avance en el desarme. Cinco potencias nucleares (EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido) están ya comprometidas con la reducción de sus arsenales como firmantes del Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970. India, Pakistán, Corea del Norte e Israel también poseen el arma atómica. En el caso israelí, las autoridades mantienen una política de ambigüedad por la que ni confirman ni desmienten su capacidad nuclear.
En el apogeo de la guerra fría, a principios de los ochenta, los arsenales de las potencias nucleares contaban con unas 70.000 ojivas. Hoy, disponen todavía de unas 15.000 cabezas atómicas, de las cuales casi 5.000 desplegadas, según recuentos del Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo.
Más de 70 años después de las bombas atómicas estadounidenses lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, los desafíos no han desaparecido. La decisión del Nobel irrumpe en un escenario internacional cargado de tensión por la escalada de agresividad de Corea del Norte, que ha acelerado el ritmo de sus ensayos nucleares y de misiles balísticos.

El secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, ha asegurado en Twitter que «ahora más que nunca necesitamos un mundo sin armas nucleares».
La cuestión nuclear también está a la orden del día con respecto a la precaria situación del pacto alcanzado entre las grandes potencias e Irán acerca de su programa atómico. La Casa Blanca baraja desmarcarse del acuerdo, lo que abriría un incierto escenario. Horas antes del anuncio del premio, la prensa estadounidense señalaba que el presidente Trump habría decidido ya no dar el respaldo al acuerdo requerido para mediados de octubre, lo que somete el mismo a la decisión del Congreso estadounidense. Si los congresistas decidieran reimponer las sanciones a Irán, las consecuencias estratégicas son imprevisibles.
El comité noruego ha escogido en esta edición entre 318 candidaturas, 217 individuales y 103 de organizaciones. El ganador sucede en el palmarés al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, distinguido por sus «decididos esfuerzos» por llevar la paz a su país tras 52 años de conflicto armado.
El de la Paz es el único de los seis premios que se otorga y se entrega fuera de Suecia. Un hecho que sucede por deseo expreso de Alfred Nobel, ya que en su época, Noruega formaba parte del reino sueco. Según dejó escrito en su testamento, el Nobel de la Paz debe reconocer a quienes contribuyan «al hermanamiento de los pueblos y a la eliminación o reducción de armamento, así como formar o impulsar congresos de paz».
El comité no confirma los nombres de los candidatos hasta pasado medio siglo y solo hace público el número total de aspirantes, 318 este año. Además, en esta ocasión la elección ha supuesto el estreno de Berit Reiss Andersen al frente del comité que elegirá al premiado. Hasta el momento se han entregado 97 Nobel de la Paz, 16 de ellos a mujeres, y la edad media de sus destinatarios es de 62 años. De todos ellos, solo el vietnamita Le Duc Tho ha declinado el Nobel.
Esta semana se han concedido gran parte de los Premios Nobel. El de Medicina ha ido a parar a los descubridores del ‘reloj interno’ del cuerpo, el de Física ha sido para los científicos que trabajan en el detector de ondas gravitacionales, y en el caso del Nobel de Química los destinatarios han sido los científicos que han desarrollado un método para observar la vida privada de las moléculas. Este jueves el de Literatura ha sido para el escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro. El próximo lunes 9 de octubre se revelará el nombre del Nobel de Economía, el último de este año.
UNA COALICIÓN DE 460 ASOCIACIONES DE MÁS DE 100 PAÍSES
La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) es una coalición de ONGs fundada en 2007 en Viena. Está formada por 468 asociaciones de más de un centenar de países, que incluyen grupos de actuación local y federaciones de ámbito internacional que representan a millones de personas. La coalición tiene su sede, en la que solo trabajan tres empleados, en el recinto del Consejo Ecuménico de las Iglesias en Ginebra, muy cerca de la sede de la ONU en la ciudad suiza. Cualquier ONG puede formar parte y no se requieren cuotas de asociación o de suscripción anual.
El objetivo de ICAN es movilizar a las personas de todos los países para inspirar, persuadir y presionar a sus gobiernos para que firmen un tratado que prohíba las armas nucleares. La coalición nació en un momento en el que el movimiento antinuclear estaba fragmentado y ha logrado aunar a sus activistas en un objetivo común. La directora, Beatrice Fihn, ha dicho que está «encantada» de recibir el galardón. «Es un gran reconocimiento para el trabajo que los activistas a lo largo de los años y especialmente los Hibakusha [supervivientes de los bombardeos nucleares de EE UU en Japón en la segunda guerra mundial]». «Su testimonio fue crítico, fue crucial y por tan increíble éxito», ha añadido. «La elección de Donald Trump ha hecho que mucha gente se sienta muy incómoda con la idea de que él solo puede autorizar el uso de armas nucleares», ha afirmado Fihn, quien ha criticado que el presidente estadounidense «no escuche» a los expertos.
La organización, que cuenta con un presupuesto anual de 1,2 millones de francos suizos (1 millón de euros), funciona gracias a las ayudas financieras aportadas por varios Gobiernos, como los de Noruega, Suiza, Holanda, Alemania o el Vaticano, así como por donantes privados, la Unión Europea y fundaciones. La coalición ha sabido movilizar a activistas y personalidades para defender su causa, como el surcoreano Ban Ki-moon, ex secretario general de la ONU, el artista y activista chino Ai Weiwei o Desmond Tutu, arzobispo sudafricano y Nobel de la Paz en 1984.
Fuente: El País


















