REDACCIÓN MACRONEWS.- La reciente intensificación de las acciones militares y diplomáticas de la Administración Trump ha reabierto un debate profundo en el corazón de la democracia estadounidense: ¿está Donald Trump emulando patrones históricos de regímenes autocráticos? Con declaraciones recientes como «vamos a hacer algo con Groenlandia, ya sea por las buenas o por las malas», el mandatario ha generado una ola de preocupación que trasciende las fronteras, llevando a figuras de la talla de Barack Obama a advertir que el comportamiento actual del Ejecutivo es «coherente con las autocracias» y que el país está «peligrosamente cerca de normalizar» la erosión de los controles y contrapesos.

La retórica de Trump, quien recientemente afirmó en una entrevista que el único límite a su autoridad como comandante en jefe es su «propia mente» y no el derecho internacional, ha validado las advertencias previas de intelectuales como Noam Chomsky. El lingüista ha calificado al mandatario como una amenaza real para la convivencia pacífica, señalando la existencia de un «golpe blando» en marcha impulsado por una lealtad ciega que imita movimientos europeos de extrema derecha con raíces fascistas. Estas alarmas se ven reforzadas por las acciones en Venezuela, calificadas por críticos como criminales, que incluyen el bombardeo de Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro.
Dentro de su propio círculo cercano, las voces de alerta no son nuevas pero han cobrado vigencia. El general John Kelly, antiguo jefe de gabinete, ha señalado públicamente que Trump gobierna con rasgos fascistas y que ha expresado admiración por figuras como Adolf Hitler. Esta valoración es compartida por expertos en salud mental como John Gartner, quien sostiene que Trump presenta trastornos de personalidad que coinciden con los de dictadores históricos, basando su poder en un narcisismo supremacista que pone en vilo la paz mundial.
El control de los medios de comunicación por parte de sectores leales al trumpismo es otro punto de fricción denunciado por el senador Bernie Sanders, quien sostiene que estas plataformas funcionan como aparatos de propaganda de extrema derecha. Mientras la Casa Blanca redobla su intención de anexar Groenlandia «le guste o no» a Dinamarca, analistas de medios como The New York Times advierten sobre un «hambre de poder ilimitado» que utiliza los recursos de la nación más poderosa del mundo para perseguir enemigos internos y externos, disolviendo los límites entre la ley y el criterio personal del presidente.
TE PUEDE INTERESAR: AVIÓN MILITAR DE EE. UU. QUE ATERRIZÓ EN TOLUCA FUE AUTORIZADO Y ESTÁ RELACIONADO CON ACTIVIDADES DE CAPACITACIÓN, CONFIRMA EL GABINETE DE SEGURIDAD



















