REDACCION MACRONEWS.- La dieta argentina, históricamente dominada por la carne vacuna, está atravesando una transformación sin precedentes. Impulsada por una compleja combinación entre la crisis económica, que ha reducido el poder adquisitivo, y serias limitaciones productivas derivadas de factores climáticos, el mercado local ha comenzado a explorar horizontes poco convencionales. Tras el crecimiento sostenido del pollo y el cerdo, ahora surge una alternativa que ha captado la atención del país: la carne de burro.

Esta propuesta, que inició como una experiencia puntual en la provincia de Chubut, ha tenido una respuesta sorprendente. Con un precio de lanzamiento de 7.500 pesos por kilo, el producto se agotó en cuestión de horas, demostrando que existe una curiosidad latente por probar nuevos sabores. Los comerciantes locales explican que esta iniciativa no responde solo al bolsillo, sino también a una necesidad de supervivencia productiva: en zonas donde la ganadería tradicional enfrenta desafíos como sequías extremas y la presión de depredadores, los productores están optando por especies mejor adaptadas al territorio.
Aunque la carne de burro se describe como una opción magra y de características similares a la vacuna, su producción a gran escala presenta retos significativos, ya que un animal requiere más de dos años para alcanzar el peso óptimo de faena. Por ahora, este fenómeno se mantiene en una etapa experimental y acotada geográficamente. Sin embargo, su aparición es un síntoma claro de un proceso de diversificación más amplio en el agro argentino, que abre el debate sobre si estas alternativas lograrán consolidarse como un pilar permanente en el menú nacional.
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