
SANTA CLARA, CAL. – El Super Bowl LX no solo será una batalla de estrategias entre los Halcones Marinos de Seattle y los Patriotas de Nueva Inglaterra; para México, será la culminación de una historia de esfuerzo que comenzó en las playas de Quintana Roo. Elijah Arroyo, el ala cerrada novato de Seattle, se perfila como el ingrediente especial de esta edición, llevando consigo el orgullo de sus raíces mexicanas al Levi’s Stadium.
El «Troyano» de Cancún Aunque nació en Orlando, Florida, la esencia de Arroyo se forjó en Cancún. Durante seis años, Elijah vivió en el Caribe Mexicano, donde aprendió los fundamentos del futbol americano en español. Lejos del lujo de la NFL, sus primeros partidos fueron con el equipo local Troyanos, enfrentando a rivales como los Tigres de Yucatán en campos de tierra y piedras donde, según recuerda, los padres debían limpiar vidrios rotos antes de cada encuentro.

«Amo la cultura de México y amo los tacos al pastor», confesó Arroyo con una sonrisa durante la semana de medios. Para el novato, jugar en México le enseñó el valor de la hermandad y el compañerismo, lecciones que hoy aplica en el vestuario de los Seahawks.
Un novato con promesa histórica A pesar de llegar con estadísticas discretas en su temporada debut (15 recepciones, 179 yardas y 1 touchdown), el impacto de Arroyo ha ido de menos a más. Su compromiso con sus raíces es tal que ha prometido celebrar con la bandera de México si Seattle se corona campeón este domingo 8 de febrero. De ganar, Arroyo se uniría a la selecta lista de mexicanos con un anillo de Super Bowl, junto a leyendas como Raúl Allegre y Tony Casillas.











